Nudos en la red

No es la primera vez que hablo del fascinante mundo de Internet, pero por cada vez que me aventuro a adentrarme en él, una nueva neurona de mi cabeza hace cortocircuito.

Se sabe que las relaciones personales son un auténtico embrollo. Solo dan problemas y quebraderos de cabeza. Pero qué me dicen de las relaciones pseudo personales que se establecen a través de Internet. ¡Esas sí que son para volverse loco! Sin embargo, yo estoy tranquila porque sé que las relaciones que surgen o se mantienen a través de las redes sociales no consiguen quitar la esencia de la condición humana: cotilla, envidiosa y superficial.

En Facebook, a pesar de que todos los miembros aparecen bajo la misma estructura y que todos comparten los mismos derechos y limitaciones, existe una variedad tan grande de perfiles como de personas hay en el mundo. Está aquel o, mejor, aquella (tiene olor a progesterona este perfil) que vive más el facebook del vecino que el suyo propio. Descuida su muro, reniega de su enganche, pero, en cambio, cuida con recelo las últimas notificaciones de los perfiles ajenos. Se trata de un perfil interesante para contratar como radio patio ya que mantiene en el candelero hasta a los más pequeños cotilleos. El fallo de este perfil es que se reconoce pronto ya que, el que hurga, acaba siendo hurgado. Por otro lado, estaría el perfil (similar al anterior porque chupa contenidos y no produce) que permanece oculto en las redes. Es un perfil cuya actividad permanece invisible. Todo lo hace a través de privados para que los demás no puedan saber de su quehacer. Es defensor nato de su privacidad, pero las ansias de ser moderno y de estar a la última lo han condenado a crearse un facebook y, por lo tanto, a estar en el corral donde estamos todos. Este perfil, a diferencia del anterior, huele a testosterona, por mucho que quiera impregnarse de la colonia de la indiferencia.

Después de estos dos, estarían los perfiles más comunes: aquellos que tras el nombre de Juan, Pepe o Hermenegildo esconden dos voluptuosas montañas llamadas Juanas, Pepas o Hermenegildas; aquellos que existen por obsesión, es decir, perfiles sin rastro de actividad cuya única tarea es vigilar que la presa en cuestión no se pervierta (vaya tarea en vano. Ni que eso fuera posible…); aquellos que no son más que escaparates falsos dedicados a dar por saco al público potencial; y así una larga lista que sería imposible de detallar aquí ya que mi espacio para criticar, digo, hablar, es limitado.

El Facebook da para mucho: para alegrías, negocios, encuentros y riñas. Quién se lo iba a decir a su creador cuando no se le ocurrió otro nombre con el que bautizar el invento que caralibro…  El pobre hombre quiso darle un toque cultural, pero de poco le sirvió.

Otro tema es el mundo twittero. Yo no acabo de cogerle el truco, pero me quedo muerta cada vez que me doy un paseo por allí y veo seguidores que añaden un tweet cada tres segundos y no mueren de estrés. Es como si, por cada pensamiento nuevo, se generara por escrito un pequeño comentario de cara al mundo. Y digo yo, ¿quién cree que los pensamientos continuos de uno son tan interesantes como para compartirlos con la humanidad? A mí misma, de cien pensamientos que tengo a la hora, solo me interesan dos o tres así que… Sin embargo, tal vez el problema lo tenga yo, que no genero pensamientos ni actos de interés social. No me ocurre lo mismo que a las estrellas de la televisión que, además de darnos la oportunidad de poder verlas royendo con la boca abierta, se muestran ante nosotros con tal naturalidad que no se privan de hacer lo que les viene en gana. Ahora, no es difícil dar con el presentador o con el invitado a un programa que, en vez de prestar atención a la entrevista, hace un silencio para coger el teléfono y twittear lo que en ese momento pasa por su mente, algo tan importante y urgente como “se me acaba de abrir un tomate en el calcetín” o “el tercero del público, empezando por la derecha, ¿no es el primo del Josechu?”.  Si Jordi Estadella levantara la cabeza… Peor suerte que Morse correría, eso seguro, porque a pesar de llevar menos tiempo bajo tierra, a este último le resultaría más fácil traducir tanta @, tanta # y tanta TT.

Esto es de las redes sociales es un enredo. No menos que las relaciones personales, pero, al menos, estas últimas te dejan desatar la ira cara a cara. Yo no consigo quedarme tranquila con los ¬¬, MAYÚSCULAS o ¡¡¡¡¡¡!!!!! hasta el infinito y más allá. Será que soy mujer de perfil complicado…

«Amigos, soñad; las nubes colmadas de huellas hacen que siempre lluevan ilusiones»

Escrito por Pamela F. el noviembre 10th, 2011 dentro de la categoría Las huellas


1 comentario a “Nudos en la red”

  1. Carmencita dice:

    Tengo entendido que el concepto facebook proviene de un anuario que se entrega en las universidades norteamericanas para que los alumnos se conozcan entre sí, o algo así. La red social no es más que la virtualización del mismo con unos cuantos avances y transformaciones más…

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